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| El tiempo pasa |
Hoy cumple mi madre treinta y seis años, otra vez. Desde que la conozco anda atascada en esa edad, como barca encallada por voluntad propia en la arena del calendario. Es su modo, ingenuo, coqueto e inútil, de hacerle un desprecio al tiempo, ese incendio que todo lo arrasa. Y si el tiempo tuviera menos de canalla y más de indulgente le consentiría por muchos años la broma. A ella y a todos los que como ella hacen de la vida un trago más fácil. Porque ahora que ha vuelto el tiempo de los naufragios caemos en la cuenta de que si este país no se va a la mierda no es por la pericia de nuestros gobernantes sino por la generosidad y el sacrificio de miles de abuelos que se echan a las espaldas las calamidades de la familia. Y sin torcer el gesto. Más de trescientas mil familias españolas viven a costa de la pensión de los abuelos. Una barbaridad.














